
COMUNICADO DE ASADES A TODA LA COMUNIDAD
La Asociación Argentina de Energías Renovables y Ambiente (ASADES), con más de cinco décadas de trabajo ininterrumpido en ciencia, tecnología y formación de profesionales en todo el país, expresa su profunda preocupación ante la situación crítica que atraviesan la educación pública, la salud, la ciencia y la tecnología en la Argentina.
Durante el último año, nuestra comunidad fue testigo de un proceso acelerado de desfinanciamiento que impacta directamente en universidades, institutos, centros de investigación y en cientos de grupos que sostienen, con enorme esfuerzo, líneas de trabajo indispensables para el desarrollo nacional. La cancelación de programas de investigación previamente adjudicados, la ausencia prolongada de financiamiento y la falta de señales de reconstrucción conforman un escenario que pone en riesgo la continuidad misma de la actividad científica en numerosas áreas estratégicas.
Esta realidad no solo la vemos en indicadores: la sentimos en los mensajes dolorosos que recibimos a diario de colegas de todo el país. Muchos expresan angustia, desorientación y una sensación creciente de desamparo. Otros comparten relatos que muestran con crudeza la incomprensión social respecto del rol del sistema científico. No son excepciones: son voces que resuenan en laboratorios, talleres, aulas y oficinas.
Una crisis que trasciende la ciencia
La situación actual de la investigación tiene paralelismos profundos con la crisis que atraviesan otros derechos básicos. Así como en el campo de la discapacidad los recortes afectan tratamientos esenciales, en la ciencia los ajustes golpean procesos que requieren continuidad, estabilidad y construcción a largo plazo. En ambos casos, el debilitamiento del Estado genera consecuencias humanas inmediatas y daños estructurales irreparables.
ASADES —una asociación construida históricamente desde lo público, lo cooperativo y lo federal— no puede ser indiferente a este deterioro. Nuestra labor está intrínsecamente ligada a la formación de capacidades locales, la generación de conocimiento soberano y el acompañamiento técnico a sectores productivos que buscan transitar hacia energías limpias y modelos de desarrollo sostenibles. Sin educación pública sólida, sin ciencia financiada y sin salud fortalecida, no hay transición energética posible.
Durante años, la precarización se naturalizó en algunos espacios y la falta de solidaridad interna, muchas veces atravesada por diferencias políticas, debilitó nuestra capacidad colectiva de respuesta. Es fundamental reconstruir lazos, comunicarnos mejor con la sociedad y actuar con mayor cohesión frente a amenazas comunes. Uno de los mensajes más repetidos que recibimos es la dolorosa constatación de la desconexión social respecto de lo que vive el sistema científico. Familias enteras desconocen que la investigación argentina lleva años sin financiamiento real. La sociedad tiene derecho a saber que sin investigación básica no hay energías renovables, no hay tecnología solar, no hay mejoras en eficiencia energética, no hay soluciones para crisis hídricas, no hay innovación productiva ni respuestas ambientales a la altura de los desafíos actuales.
Lo que está en riesgo
Miles de proyectos en energía solar térmica y fotovoltaica, biomasa, eficiencia energética, calidad ambiental, arquitectura bioclimática y tecnologías de transición están hoy en peligro. Muchos grupos se encuentran al borde de la disolución. Jóvenes especialistas consideran emigrar —otra vez— y líneas de trabajo que tardaron décadas en consolidarse pueden perderse definitivamente. No estamos ante una crisis coyuntural: estamos ante la posibilidad real de un retroceso histórico.
Nuestro llamado
Desde ASADES hacemos un llamado urgente a:
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La sociedad argentina, para que comprenda que sin ciencia, sin educación pública y sin salud fortalecida, la transición energética y el desarrollo sustentable son imposibles.
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Los decisores políticos, para que retomen un compromiso genuino con el financiamiento sostenido, la planificación estratégica y el valor del conocimiento como política de Estado.
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La comunidad científica, para que redoblemos la cooperación, la solidaridad interna y la presencia pública, reconstruyendo puentes con la ciudadanía.